LENGUAS DE CHILOÉ

Chiloé ha tenido tres poblamientos conocidos. Cada pueblo poseía una cultura diferente a las otras. Pero del entrecruzamiento histórico, social y racial hemos heredado una sociedad con una cultura que ha mezclado sus componentes en los tiempos, volviéndose heterogénea, sincrética.

Dentro de este contexto podemos distinguir tres lenguas: chono, veliche y castellano.

LENGUA CHONO

Tan poco se sabe de esta etnia como de su lengua porque sus hablantes se desintegraron a mediados del pasado siglo, como resultado de la conquista europea.

El único testimonio sintáctico de esta lengua es un escrito doctrinal ubicado en la Biblioteca de los Jesuitas de Roma.

Además se cuenta con la hipótesis relativa a que ciertos topónimos del archipiélago de Chiloé y de Los Chonos tendrían un origen chono. Quenac, Lin-lin, Tac, Caguach... son voces que parecen desprenderse de esa etnia y dan noticia contemporánea del poblamiento ejercido por ellos. Esta observación ya la hacía Alejandro Cañas Pinochet, a fines del s. XIX, y lo ratificó en un ensayo más completo Jorge Ibar Bruce, hace unas décadas.

Estudios comparativos superficiales afirmaron inicialmente que el chono era un "dialecto" de la lengua kawáshqar o alacalufe. Empero, dentro de las pocas evidencias lingüísticas disponibles, no hemos hallado asociaciones que indiquen tal cosa.

"...después de las naciones Calen y Taijataf se siguen ácia el Chile las naciones Caucahués y chono. Cada una de estas naciones tiene un idioma propio y aunque sé que las lenguas de estas dos naciones no son dialectos de la araucana; mas no puedo afirmar si son dialectos desfigurados de una lengua matriz, ó si por ventura son dos lenguas matrices."

Es posible, eso si, que el parecido fonético entre chono y qawashqar responda a un antigua matriz común, hoy desaparecida.

La lengua chono fue casi desconocida durante la conquista europea. Sólo los misioneros jesuitas la usaron en la evangelización y para ello tradujeron oraciones y otros instrumentos doctrinales.

Debido a que los chono no participan como mano de obra de la encomienda colonial, su influencia lingüística y cultural no será significativa en la conquista moderna de estos archipiélagos.

LENGUA VELICHE O GHUYLICHE:

Corresponde al mapudungun o lengua de los mapuche de Chiloé. Como expresión regional poseía un léxico con algunas particularidades y en lo fonético también se advertían importantes variables.

El veliche, más que el castellano, constituyó la lengua de la conquista. Fue el instrumento más efectivo de comunicación entre indios y españoles. Esto se hace más notorio durante los dos primeros siglos de la colonia. Reiteradas ordenanzas del s. XVIII hacen obligatoria la enseñanza del castellano en las Escuelas del Rey, establecidas en Chiloé.

Por otra parte, al establecerse los franciscanos como reemplazantes de los jesuitas expulsados en 1767, cambia el trato con el indígena, llevándolos a asumir un proceso civilizador europeo mas drástico. Así y todo, cuando Chiloé es incorporado a Chile en 1826, existía un bilingüismo bastante equilibrado, tanto entre indios como mestizos.

Con la república se prohibe terminantemente el uso del veliche. A fines del S. XIX sólo los más ancianos eran hablantes de esta lengua y en lugares muy apartados como Cucao y las islas del interior.

Con el movimiento iniciado en los años 30, de reivindicación étnica, denominado mapuchería, se activan al sur de Chiloé, diversas formas culturales, de organización social y de presencia política, las que subsisten todavía con alguna expresión. Entre otras acciones se formó una escuelita en Chadmo, donde se enseñó, por hablantes de tsesungun de Osorno, la lengua de la etnia. Sobrevivientes de ese proceso recuerdan hoy con heroico misticismo esa etapa formativa.

Sin embargo, la lengua no murió. En el proceso de conquista el hablante peninsular no tuvo palabras adecuadas para nombrar a este nuevo mundo; su léxico aprisionaba a otra realidad. Es aquí cuando el veliche complementa a la lengua de castilla.

La encomienda se organiza con los veliche. De allí que las influencias de este pueblo sean determinantes en las transformaciones que sufre el sistema español, aquí en Chiloé, durante la colonia.

Muchas de las propuestas hispánicas no pudieron ser implementadas y debieron acoger las formas locales o llegar a soluciones mixtas para satisfacer sus necesidades. Ocurre con la lengua. A Chiloé le llamaron Nueva Galicia, pero esa nominación no prendió. A los lugares que habitaban le antepusieron el nombre de un santo patrono: San Miguel de Calbuco; San Antonio de Chacao; San Carlos de Ancud. Empero, cuatro siglos después, siguen manteniendo sólo el nombre indígena.

Gran parte de la toponimia de la Décima Región está en lengua mapuche y en Chiloé ese porcentaje es mayor. Aquí, los nombres de la Isla Grande y de las islas adyacentes, son de origen veliche. Las islas más apartadas tienen nombres chono. La flora y fauna está designada también en veliche. Ocurre lo mismo con el léxico vinculado a la gastronomía, a la artesanía, a la creencia mágica y mítica, a los instrumentos laborales y a las actividades productivas, en general.

Finalmente, una gran parte de los apellidos de la población chilota son cungas o linajes del mundo mapuche.

El veliche sufrirá múltiples transformaciones al ser hablado por extranjeros. Notoria en su pronunciación. En muchos casos se producirán hibridaciones entre la lengua nativa y la española. Así y todo logra ser identificada como la lengua india que constituye el substrato del habla chilota.

LA LENGUA CASTELLANA

La lengua de Castilla viene a este archipiélago en boca de hablantes de otras regiones de España: gallegos, vascos y andaluces. Acaso ese haya sido un estímulo para que durante los dos primeros siglos de la conquista los peninsulares y sus descendientes hayan desarrollado un bilingüismo que hizo decir a sus observadores que hablaban con mayor propiedad el veliche.....

Las observaciones del inglés John Byron (s.xvii) señalan que los españoles la encontraban "más bonita que su propia lengua". El español José de Moraleda, por su parte, se queja de sus compatriotas que hablaban la lengua materna "con incultura y grosera impersonalidad" a diferencia de la nativa que era usada "con bastante elocuencia".

Recién a fines del S. XVIII las ordenanzas reales comienzan a aplicarse con mayor rigurosidad, especialmente en las Escuelas del Rey. Así también, la administración franciscana que misiona a partir de 1771, reforzará la idea de la Corona, llegando a fines de ese siglo a aceptar el veliche sólo en las confesiones.

Aún cuando Chiloé es anexado a Chile como una región bilingüe, la República a través de la escuela, de la administración pública y de la iglesia, impondrán el castellano como única lengua y sancionarán el uso del veliche.

El castellano graficará por vez primera los sonidos del veliche para incorporarlo a su léxico, pero sin ningún interés por estudiarlo o transcribirlo como lengua, sino casi hasta los albores del siglo XX.

La aparición de un periódico en Ancud -"El Chilote"- iniciará la página escrita de esta lengua que sólo había contado con manuscritos y algunas publicaciones esporádicas que estaban orientadas más bien a informar a Europa acerca de Chiloé. Desde entonces se desarrollará una prensa regional muy intensa que perdurará sistemáticamente hasta 1984, cuando finaliza la "Cruz del Sur", periódico existente desde fines del siglo XIX.

Desde las postrimerías del siglo XIX comienza a describirse a Chiloé, desde intereses geográficos, etnográficos, lingüísticos, folklóricos, históricos, paisajísticos y literarios. Surgen escritores y más bien etnógrafos. El más destacado de ellos es el presbítero Francisco J. Cavada.

Sin embargo, la práctica de la lengua de Castilla se masificará en su expresión oral. El castellano incorporará en su matriz la riqueza fabulosa de los mitos y leyendas, del cosmos indio y múltiples otras expresiones contenidas en la tradición ágrafa local.

Muchas de las imposiciones castizas originarias se perdieron o se fundieron con las formas locales. Este mestizaje de toda la sociedad también comprometió a la lengua. El castellano mantuvo las características del patrón originario, pero incorporando a su universo simbólico su propia y renovada experiencia porque un idioma es siempre lengua de una cultura.

LENGUA DE LA CULTURA

Hemos visto como en casi tres siglos el castellano se indianiza, adoptando especialmente el léxico local que lo complementa en aquellos conceptos para los cuales no tenía palabras. En otro sentido, la lejanía de la Península lo aísla de su matriz lingüística y cultural, recreando formas arcaicas sostenidas incluso hasta nuestros días. Este fenómeno de trasplante y convivencia con una lengua amerindia dará como resultado un hablante que sin ser bilingüe se vale de dos lenguas para comunicar su experiencia.

El testimonio lingüístico de todo este cruce histórico-cultural debemos sumarlo a importantes transformaciones que ocurrirán durante el siglo XX, como resultado de las migraciones de los chilotes hacia las patagonias. Incorporan, durante este proceso, aspectos vinculados con la cultura y la lengua gaucha practicada en la estancia.

A su vez, después de los años sesenta Chiloé se abre hacia el mundo a través de los medios de comunicación y la migración interna hacia las ciudades, tanto de trabajadores como de jóvenes estudiantes. A esto se suma la industrialización de la economía del archipiélago que se inicia en las dos últimas décadas del siglo, intensificándose progresivamente en estos años.

Estas son las influencias fundamentales que han moldeado los rasgos caracterizadores del español hablado en nuestro archipiélago. Las modalidades del habla del chilote podemos sintetizarlas en los siguientes aspectos:

 

EN LO FONÉTICO:

>Acentuación esdrújula en graves y otras: méndigo, agújero, délito, tránsido, súspiro, quéjido, pántano, ámparo, etc.

>Acentuación grave en las esdrújulas de la 1ª persona de los imperfectos de indicativo y subjuntivo: estabámos, teniámos, erámos.

>Acentuación grave en voces agudas: ojala, civil, etc.

>Alteración del acento principal en los gerundios que llevan un enclítico. El acento salta del verbo al enclítico: quejandosé, afeitandoté, etc.

>Transformación del acento del presente de subjuntivo de singular del verbo estar, haciéndolo grave: <<cuando yo éste alentada iré a verte>>. Así también ocurre con las dos primeras personas del plural de la segunda forma del pretérito de subjuntivo: <<Si nos amaramos más y no temieramos a tus padres, este cuento sería diferente>>.

>Adición de una -e paragógica, en especial al infinitivo, que funciona como amortiguación a la consonante final: cantare, comere, dormire, etc.

>Diptongación de la secuncia AO, por pérdida de la -d- intervocálica: atao, remaores.

>Eliminación, en las voces esdrújulas, de la primera vocal postónica y de la consonante inicial de la sílaba siguiente: estóm[ag]o, relámp[ag]o, hél[ic]e [o heli, por influencia de la y- inicial], etc.

>Supresión de la g- inicial ante vocal e incluso consonante: <<tallando con esa urbia sin filo te va costar alcanzar la loria>>. Así también ocurre con la b- inicial: <<los torunos, con ufidos desgarradores hacían retumbar los acantilados>>.

>Pérdida de la -i- en ciertas palabras: <<perdone la molesta>>.

>Epéntesis de una -g- [suave] en medio de dos vocales, como una suerte de ultracorrección, para mostrar mayor cultura: <<el fiscal y otros emplegados de la iglesia>>.

>La -y- intervocálica se suaviza hasta transformarse en yod (semivocal): majoreh, ajuadoreh.Cuando la y- es inicial se pierde completamente.

>El grupo TR se asibila en palabras de origen mapuche: treputo, Trauko, trintre. No ocurre lo mismo frente a voces de origen español.

>Aparición de WAU (semiconsonante), ante O, cuando esta vocal está precedida por G- o B- (V-) inicial, independientemente que la O sea o no acentuada: G (w) olár, B (w) óki. Excepcionalmente la wau ante -C inicial: Kwósa, kwósen.

>La j se articula aspiradamente, como en centroamérica: trabáxo, xénte, muxér.

>Este fenómeno se advierte en zonas con fuerte presencia indígena.

Observando los aspectos distintivos en lo gramatical, tenemos:

>Uso del género masculino para términos como: bajamar, costumbre, foto. Aplicación del artículo el al sustantivo y la terminación masculina para los adjetivos, por influencia indígena.

>Empleo reflejo de verbos que no lo son en castellano: me crecí, por me crié; yo me creo, por yo creo.

>Adición de una -n al -se relejo [-sen] construyendo con ello una suerte de plural: vayansén [o vayasén], sientensén [o sientesén]. Este uso es también conocido en Castilla, Aragón y otros sitios de nuestro continente, según lo señala Menéndez Pidal, empero en esos lugares acentúan el verbo y no el enclítico como ocurre en Chiloé. Aisladamente también el uso se extiende a los complementarios lo y la: traigalón, demelán.

>Aplicación de la 3ª persona plural para designar a la segunda singular, somo un tratamiento de respeto:

Pasen más adelante! ¿Llegaron ustedes solitas? Sienten. Caloren.

>Contrucción del Pron. vos con la segunda pers. sing. del verbo: ¿Qué cosa tienes vos con ese chico? Vos más pareces su contrario.

>Con frecuencia se omite la preposición en oraciones como éstas: "Lo mandó -- traer"; "se jue -- vivir lejoh".

>Intecalación de la prep. -de- entre la prep. sin y el término del complemento: <<me fui sin del permiso de mis padres>>. La frase sin de eso equivale a `no obstante`: el río estaba crecido; sin de eso lo cruzamos.

>Reemplazo de la fr. adv. si no [en caso contrario], por de no: <<no hay que gritar en el mar, de no aparece el Caleuche>>.

>Se acostumbra a usar la preposición EN con verbos que denotan movimiento: como "ir", "venir", "llegar": voy en Castro"; voy en Puerto Montt", "Llegó en casa de José". También reemplazando a la preposición A en la frase "en veces".


Ir al Índice