El Poblamiento de Chiloé

Hace un par de décadas se descubrió un sitio arqueológico hacia el sector de Maullín, a 55 Kms. de Puerto Montt. Los restos culturales allí encontrados se estima que tienen sobre los 12 mil años. Es decir, en esos tiempos ya transitaba gente por estas tierras o, mejor dicho, por hielos que aún ocupaban y aplastaban los archipiélagos.

Por los españoles, que se asentaron en Castro en 1567, sabemos que para ese entonces la comarca estaba poblada por dos grupos aborígenes: Los chono y los veliche. Los primeros de costumbres canoeras y los otros de vida más sedentaria y de tradiciones similares a los mapuche de más al norte.

En general estos grupos estaban asentados en los bordes orientales de la Isla Grande o Chilhué y en las islas menores. Al parecer, recién durante la Conquista los naturales se ubicaron más al interior para evitar a los conquistadores que usaron las costas como camino entre Chacao y Castro.

Los españoles reforzaron esta idea anterior de poblamiento y se ubicaron también en la costa con sus villas, ciudades, y capillas.

¿Por qué razones ocuparon las riberas y específicamente la del este de la isla de Chiloé?

Hay una causa geográfica y climática. La costa del Océano es prácticamente inaccesible por mar y por tierra. Lo impide el rugiente Pacífico y los bosques tienen una Cordillera de la Costa que es un verdadero murallón en la cima de la Isla Grande. Una causa accesoria es la topografía del sector. Esa costa es abrupta con mucho acantilado costero, a pique.

En cambio la Costa Oriental es de suaves lomajes que descienden hacia el mar y forman playa. Por otra parte, la reciedumbre del Pacífico es detenida por el lomo de la Isla Grande, es decir, la cordillera de la costa conocida como Piuché. Se encierra así el archipiélago a una suerte de mediterráneo, mucho más tranquilo y de clima más benigno. Estas aguas aparentan ser más un lago que un océano capeando el temporal. Esto permite al isleño usar los canales como verdaderas carreteras marítimas para su desplazamiento; es a su vez, un medio relativamente promisorio y tranquilo como para pescar y mariscar.

Pero existió, además, una poderosísima razón que impulsó al isleño a ubicarse mirando hacia el este. Los pueblos indios habían establecido vínculos muy profundos con su medio y el cosmos. Para ellos el sol, las estrellas, y la naturaleza no era sólo paisaje, tenían vida propia, estaban humanizados. El sol, que sale por el este, era el dispensador de la vida. Su calor y luz lo permite. La salida del sol es el nacimiento del día, de la vida.

El frente de la ruca india debe estar mirando hacia la Cordillera. Así el sol estará presente en la vivienda durante el día.

El oeste, en cambio, es el sitio donde muere el sol. La gente de Cucao -un poblado en la costa del Pacífico- tiene enfrente un horizonte donde el mar y el cielo se confunden. En ese límite el sol es tragado por las aguas.

Entre ellos corre una creencia:

Se dice que cuando muere un vecino su alma se traslada hasta la Punta Pirulil (al sur de Cucao) y desde el roquerío llama: ¡BALSEO!. Al rato llega un botecito blanco impulsado por un anciano llamado Tempilcahue, que lo transporta a su residencia definitiva.

Se cuenta que, en una oportunidad, un gringo trató de mofarse de la creencia y fue hacia el roquerío y gritó ¡BALSEO!. Efectivamente apareció el anciano en su botecito, pero al percatarse del engaño, retornó al océano.

El atrevido murió al año, tal vez como castigo por su herejía. Entonces su alma, voló hacia el acantilado de Pirulil y vociferó por el balseo, pero no apareció el anciano. Volvió a hacerlo una y otra vez, pero fue inútil.

Ocurre, explican los lugareños, que Tempilcahue tiene muy buena memoria y reconoce la voz del bromista. Cada vez que lo vuelve a escuchar cree que sólo se está burlando de él.

El alma en pena clama, en especial se escucha su lamento y desgarrador pedido durante las noches de tormenta, por ese balseo que no ocurre.

Los españoles debieron concentrar a la población indígena en villas o pueblos.

La imposición no tuvo respuesta inmediata y sólo a mediados del pasado siglo comenzó a configurarse la idea de villa en torno a la iglesia o capilla local.

Castro es un poblado que data de 1567, llamada con propiedad ciudad de los españoles. Ancud fue organizado como fuerte y villa alrededor de 1770. El resto de las aldeas y ciudades chilotas son de fines del pasado siglo. La más joven es Quellón que se orienta como conglomerado recién en la primera década de este siglo.

Empero, las ciudades con más chilotes no están en Chiloé, sino en Cohyaique, Aisén, Río Gallegos, Puerto Natales, Comodoro Rivadavia y otros sitios de las patagonias chilena y argentina.

Los veliche preferían vivir aislados los unos de los otros, así como todavía se vive en el campo actualmente, es decir, cada cual tenía su chacrita y los parientes y vecinos se juntaban para labores de siembra o cosecha, ritos religiosos, deportes o fiestas.

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