La Religión Católica en Chiloé

Nazareno de Caguach/ Foto: I. Vázquez de Acuña

La religión chilota tiene dos expresiones visuales: las iglesias de esbeltas torres y la imaginería que ornamenta sus altares y que anima las fiestas patronales de cada pueblo.

La religión es aquí católica por antonomasia. Se establece a la par que la conquista, desplazando a los dioses de los chono y de los veliche. Los primeros sacerdotes mercedarios y franciscanos venían con la tropa española para atenderla en sus necesidades espirituales.

Empero, la evangelización hacia el indio recién comienza cuando los jesuitas llegan a este archipiélago en 1608. Su proyecto conocido como misión circular o circulante perdura hasta su expulsión en 1767.

La orden de la Compañía de Jesús establece en Sudamérica una provincia con asientos en Chile, Paraguay y Tucumán. Ellos evangelizan en la lengua de los nativos. Los primeros en Chiloé son Melchior Venegas (chileno) y Juan Bautista Ferrufino (milanés).

Su acción consistía en divulgar la fe católica entre los chono y los veliche de este extendido archipiélago. Al mismo tiempo, en estas correrías, iban proyectando sus particulares visiones de mundo y de occidente europeo.

De este proceso va naciendo la institución de los fiscales y las primeras iglesias pajizas que constituirán el eje urbanístico de los modernos poblados.

El fiscal, por su parte, será el verdadero sostenedor de esta nueva religión, aún cuando recién a mediados del siglo xix serán reconocidos como agentes de la evangelización. Con algunas diferencias, son los mismos diáconos que el concilio Vaticano II propone crear.

La misión circular en una ruta sistemática y planificada que abarcaba más de 800 leguas. El padre García escribe en su Diario, en 1766:

"Día 17 de septiembre. Que es cuando empieza la primavera, salen los padres misioneros del colegio; llevan consigo ornamentos de altar y lo necesario para administrar sacramentos /.../ llevan consigo en un cajón triangular /.../ un Santo Cristo que tendrá de alto cinco o seis palmos, y a los dos lados tiene a Nuestra Señora de los Dolores y a San Juan Evangelista; todo este cajón parado sirve de altar mayor bastante decente; a los pies del Santo Cristo, se pone el Santísimo Corazón de Jesús de bulto bastante grande con sus rayos dorados y delante del Corazón de Jesús se pone un dos cajones: en uno va San Isidro Labrador y en otro Santa Notburga pequeño Sagrario, donde todo el tiempo de la misión se reserva Jesús Sacramentado, por lo que pudiese ofrecerse para enfermos; también llevan los padres;/.../ Cuando llegan los misioneros a la playa, ya toda la gente que pertenece a aquella capilla está junta, esperando formados en procesión con su cruz por delante; sacan los santos a la playa, y así como están cerrados en sus cajones, los conducen a la iglesia cantando las oraciones /.../ Luego el padre más antiguo /.../ les hace una breve plática con que abre y da principio a la misión. Acabada la plática, sale toda la gente a la puerta de la iglesia, y el padre misionero, por un libro que tiene y que lleva consigo, va nombrando todas las personas, chicas y grandes, que pertenecen a aquella capilla, familia por familia; si faltare alguna persona se averigua si está legítimamente impedida o si está ausente, y si puede, se le señala otra capilla donde debe ir a tener la misión y se apunta en papel aparte, para que no quede sin confesarse. Allí se sabe cuántos son los muertos, cuántos los nacidos de aquel año, y se apunta; acabada la nómina descansan hasta cerca de la oración; a esa hora toca el fiscal de la capilla o iglesia una campanilla, y se recoge la gente a la iglesia. Se reza el rosario y después se sigue el sermón entre doctrinal y moral, propio para aquellos pobres, y se acaba con las alabanzas a María Santísima." En los días siguientes se continúa con diversas otras actividades de confesiones, comuniones y "se averigua si hay escándalos en los feligreses de aquella capilla" y "si el fiscal cumple con su obligación de rezar todos los domingos las oraciones, doctrina y rosario, juntando en la capilla la gente; si asiste a los enfermos y les procura confesor /.../ si asiste alos moribundos exhortándolos a actos de contrición, etc., si asiste a las que están en parto y a los bautismos;" A fines de diciembre estaban de vuelta en Castro y una semana después volvían a emprender viaje hasta mayo.

Los jesuitas repararon de los excesos que encomenderos y soldados tenían contra los indios e intervinieron cuando fue posible. En la primera Carta Annua, de 1610, escriben:

"...yagora noay mas de tres mil almas grandes, ychicos entodala Ysla a causa dequelas hanydosacando cada año los nauios que alla uan ysolo agorados años con estar alli los dela Comp quelo estoruaua mos quanto podiamos sacaron alpie dequatrocientos y los traenabender aca auajo./.../ ...porq estuuieran muy expuestos alos malos trata mtos que continuamente reciuen delos soldados españoles, que assisten enlos fuertes, ysuelen correr todaaquella costa delos quales aun conestarescondidos los yndios latierra adentro entre montes ybreñas nosepueden valer, yles hurtan qto tienen hasta los hijos y mugeres, y sobreesto los maltrata depalabra, yobra, ylos lleuan por fuerça paq uayan remando enlas Piraguas,ycomo esgente humilde, y pacifica, y amedrentada conloscontinuos trabajos qles imponen el Rey ysus amos nose atruen ahablar, porq noles ha deualer para mas q acrecentar sus duelos..."

Los jesuitas son expulsados de los territorios de la Corona en 1767. Los franciscanos de San Ildefonso de Chillán llegan transitoriamente a Chiloé. En 1771, el Colegio Propaganda Fide Santa Rosa de Ocopa, del Perú, envía un grupo de 12 sacerdotes que se harán cargo definitivamente de este archipiélago.

Esta misión recibe instrucciones en el sentido de llevar a cabo una evangelización con los métodos jesuitas. Continúan implementando las festividades patronales y desparramando imágenes por la geografía insular. El ejemplo más representativo es el del Divino Jesús Nazareno de Caguach, culto iniciado en 1778 por Fray Hilario Martínez.

Los de Ocopa establecen centros fijos desde donde opera el sacerdote. Hay, de esta forma, una atención más regular y sistemática, pero la confianza de los indios con los nuevos evangelizadores, no es la misma.

La llegada de los franciscanos coincide con la dependencia de Chiloé que ahora es directamente con el virreinato, tanto en lo administrativo como de lo eclesiástico. En este periodo se acentúa, además, la enseñanza que venía practicándose rudimentariamente durante el siglo anterior. Las Escuelas del Rey se implementarán en Chacao, Ancud y Castro. En ellas se orienta férreamente una educación basada no sólo en los valores occidentales y cristianos sino que, además, no se permite "que ninguno hable en otro idioma más que en el castellano". Así y todo, a fines del siglo xviii, solo "la décima parte está instruida en las primeras letras".

De esta manera, iglesia y administración española, se conjugarán para conquistar territorio, lengua, religión y sociedad india.

Dos décadas después de la incorporación de Chiloé a la república de Chile, se establece la diócesis de Ancud y el nombramiento de monseñor Justo Donoso como su primer obispo. Será él quien impulse el primer Sínodo Republicano en 1851. Allí la iglesia muestra su rol ideológico al regular y prohibir costumbres que parecían no estar de acuerdo con su doctrina. En los años sucesivos se continuará en esta persecusión no sólo a brujos y machis, sino también a las fiestas patronales que habían encarnado todo el espíritu indio de los antiguos nguillatunes o rogativas.

 Durante el siglo veinte los sincretismos entre catolicismo y cultura religiosa india, especialmente veliche, continúan dándose; así también subsisten múltiples arcaísmos de ambas culturas. Sin duda que las fiestas religiosas reúnen de mejor manera todas estas expresiones. Pero esta religiosidad está presente en el quehacer diario, en el nacimiento y en la muerte; en la fiesta y en el trabajo.

 Existe un abundante y disgregado calendario de festividades patronales que, en muchos casos, representan el orgullo de las comunidades. Es el caso de la celebración al Divino Jesús Nazareno de Caguach que concentra en agosto (y ahora también en enero), a un territorio más amplio que el archipiélago. Así también desde hace una década el culto al Nazareno de Caguach se ha extendido a Punta Arenas, Puerto Natales y a otras ciudades de esa región, de Aysén y de la patagonia argentina.

Otras fiestas importantes son las de la Purísima e Inmaculada en Calen y Quinchao, el 8 de diciembre; las de la Virgen de Lourdes, en Llingua, Rilán y Huyar, el 11 de febrero; las Putemún el 6 de enero y Llaullao, el 24 del mismo mes; Nercón tiene dos fiestas en septiembre: el 8 a la Virgen y el 29 a San Miguel. Son también chilotas las fiestas de Carelmapu, el 1 y 2 de febrero, en honor a la Virgen de Candelaria y la de Calbuco a su santo patrono San Miguel ...Pero la lista sobrepasa las 200 celebraciones.

La fiesta patronal es el espacio por excelencia, donde la religiosidad se desborda.

Estas celebraciones se inician con una novena que remata en la fiesta más importante del año para esa comunidad. En la mañana se realizan los actos propiamente religiosos, con misa, comuniones y una florida procesión por las callejuelas del pueblo. Posteriormente a esto comienzan las acciones festivas con comida, bebida y baile.

La iglesia chilota es activada, durante el año, por las misas de difuntos y por la muerte de algún vecino cuyas exequias son seguidas por gran parte de la comunidad, primero en los rezos hechos en casa y luego en la sepultación. A su vez, todo suceso familiar es transmitido y oficializado a la comunidad a través de algún rito: bautizo, comunión, confirmación, casamiento, bendición de casa u otro bien.

 

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